Informe misionero “ Los Ángeles”

Diciembre 2016

 

El día de hoy queremos contarles lo que Dios esta haciendo en las selvas colombianas a tan solo un par de kilómetros de la frontera con Brasil. El domingo 11 salió un equipo rumbo a la comunidad indígena de Los ángeles, en el Vaupés. Íbamos como invitados por los miembros de esta comunidad para visitarles, y nos habían contado de la posibilidad de realizar algunos  bautismos y matrimonios allí. Días antes, en las reuniones previas a partir, nos contaban que habían elegido a nuestra iglesia para que les visitáramos porque se habían impactado por lo que habían visto (orden, enseñanza, etc.) cuando varios de sus miembros estuvieron acá en alguno(s) servicios dominicales.

 

El lunes en la mañana salimos de Mitú en avioneta hasta la comunidad de los Ángeles; 30 minutos de vuelo sobre pura selva nos marcaban cuan lejos estaríamos. A medida que volábamos sobre la avioneta pensaba que Jesús nos mandó hacer discípulos hasta lo último de la tierra, y por la gracia de Dios eso estábamos haciendo, literalmente yendo a lo ultimo de la tierra.

 

Aterrizamos en la comunidad, y apenas llegamos, vimos gente sonriente, recibiéndonos con cariño; allí conocimos a Fulvio, el hombre que Dios ha levantado para guiar a esta comunidad según la Palabra de Dios.

Lo primero que nos impactó fue una comunidad indígena sin Maloka y sin payé (Chamán), donde la mayoría sus habitantes estaban en su cabal juicio, con sus casas ordenadas, sus hijos sanos, gorditos, sus animales bien cuidados y en el ambiente una paz, una paz tan familiar como lo que podemos sentir un domingo en un servicio o cuando nos reunimos como familia en Cristo; nos sentíamos en casa.

 

Fulvio y su papá, Don Graciliano, nos acompañaron al sitio que sería nuestra habitación, un cuarto en la escuela, que por las vacaciones estaba vacía. Nos instalaron en una habitación impecable, que ellos habían limpiado y alistado para nosotros, nos ayudaron a colocar las hamacas y nos dieron instrucciones básicas.

 

A medida que pasaba el día, íbamos compartiendo con las familias y nos quedábamos impactados de ver sus vidas trasformadas por la Palabra de Dios. Patricia Yepez, ( tal vez algunos la recuerdan, hace 16 años dio su testimonio en nuestra iglesia se bautizó) fue una de las primeras creyentes con las cuales compartimos luego de instalarnos y fue muy especial.

 

La primera noche nos reunimos con los creyentes en nuestra habitación para presentarnos y conocerles un poco. Iniciamos orando y cada uno decía su nombre y como conoció al Señor Jesús. Escuchamos creyentes, salvos en Jesucristo, dando su testimonio, contando una salvación genuina. Tal es el caso de Mariela, una mujer quien trató de suicidarse hace 7 años, quien después cuentan sus familiares que fue poseída luego del intento de suicidio; muy reacia al evangelio con su esposo Giovanny, quienes el año pasado sufrieron la pérdida de su hijo de 9 años (comentan que era salvo), lo cual fue el evento que Dios usó para quebrantar sus corazones y que recibieran a Jesús como Señor y Salvador. Impacta escuchar una indígena declarar con lagrimas diciendo que “da gracias a Dios porque Jesús murió en la cruz, fue sepultado y resucitó por sus pecados, y porque volveré a ver a mi hijo”, decía.

Fulvio nos manifestó esa noche que querían que les enseñáramos la Biblia, querían aprovechar al máximo nuestra visita, entonces que si podíamos hacer sesiones de enseñanza en la mañana. Tenían hambre por la Palabra de Dios. Además nos contó que habían 10 personas que querían bautizarse. Cuadramos que para el otro día estaríamos compartiendo un devocional y enseñando acerca del bautismo bíblico ( lección de la inducción) para que los que quisieran bautizarse entendieran las bases bíblicas del mismo. Esa noche nos acostamos sin palabras de empezar a ver lo que Dios estaba haciendo en la mitad de la selva.

 

Al otro día, y durante tres días, nos reunimos con los creyentes a las 8am, compartíamos un devocional y luego una parte de la lección del bautismo ( la vimos en 2 días). Todos los días, los creyentes llegaron muy puntuales, con sus mejores pintas, súper arreglados, con una disposición de recibir la Palabra de Dios ejemplar. Nadie estaba en las chagras (sitios de cultivo) o pescando, o cazando, sino que organizaban sus horarios para a las 8am estar sentados en el primer piso de la casa de Fulvio donde nos reuníamos. Era increíble ver los niños con sus Biblias, callados (los más grandes) escuchando atentos la Palabra de Dios.

 

Les enseñamos algunas canciones, y les escuchamos cantar en su idioma alabanzas al Señor, y también en español; es indescriptible lo que se siente escucharles. Solo recordaba el salmo que dice: "Te alaben los pueblos oh Dios; todos los pueblos te alaben." Salmos 67:3

 

Luego que acabábamos la reuniones  de la mañana, descansábamos un momento y luego venía el almuerzo, hablábamos con los creyentes, les conocíamos, escuchábamos lo que Dios estaba haciendo en sus vidas. Por las tardes, trabajábamos con los niños, hacíamos actividades, tratábamos de cansarlos pero nunca pudimos J, y luego les enseñábamos Génesis 1: la Creación. El último día se hizo una fogata donde se les compartió el evangelio.

 

La comunidad tiene aproximadamente unas 100-120 personas, de las cuales cuarenta y pico se congregan, de las cuales casi todos los adultos son salvos, y varios niños también. La diferencia era clara. Un día fuimos a caminar por las casas saludando a los otros que no eran salvos ni se congregaban y se veía la diferencia tan marcada. Sus niños flacos, desnutridos, sus casas desorganizadas, sus rostros muertos, sus animales descuidados. Y Dios nos dejaba ver una línea trazada entre sus hijos y los que no.

 

El día viernes, tuvimos una reunión congregacional única. Hubo alabanza, canciones especiales por parte de los indígenas, testimonios de algunos creyentes que se iban a bautizar, la predicación de la Palabra de Dios con traducción en el tuyuca, y luego los bautismos. En esta reunión se invitó a la comunidad que no es salva, muchos fueron, y escucharon el Evangelio del Señor en su idioma.

 

Dios nos regaló 10 bautismos, Todos cantábamos  he decidido seguir a Cristo, no vuelvo atrás, no vuelvo atrás mientras se bautizaban nuestros hermanos. El gozo que se sentía era impresionante.

 

 

Estuvimos en Melo Franco, en el Brasil, conociendo esta comunidad.

 

Son tantos los casos, historias cosas que les podríamos contar, pero ahora por tiempo no podríamos. Pero lo maravilloso de ir a la selva no fue la selva ( a pesar de lo increíble de a naturaleza) sino ver a Dios trabajando en medio de la selva. Dios nos dejó ver personas salvas, con una salvación genuina en Cristo, con vidas diferentes, con un corazón que reconoce la Biblia como la Palabra de Dios, liderados por un hombre que tiene en su corazón que los demás de la comunidad y las otras comunidades indígenas conozcan a Jesucristo como Señor; con hambre, deseo de crecer y de ser usados por el Señor, pero con la necesidad de una estructura que les perfeccione, con la necesidad del discipulado.

 

Dios nos llevó a cumplir su Gran comisión a un par de kilómetros de la frontera con Brasil. Nos permitió compartir Su Evangelio, hacer discípulos, bautizar y enseñar Su Palabra.

 

El gozo de ser parte del avance de Su Reino, que Dios te tenga en cuenta, sin importar en que parte de Colombia o del mundo estés no tiene comparación.

 

Dios me dejó ver que la dimensión de nuestra misión alcanza hasta lo último de la tierra. Que no tenemos excusa para no compartir Su Evangelio, que un idioma, o que hagan parte de "x" cultura o grupo étnico no debe ser una barrera para realizar la Gran Comisión.

Dios dice en Romanos 15: 21: “ sino, como está escrito: Aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de él, verán; Y los que nunca han oído de él, entenderán”.

Además, me recordó que vale la pena obedecerle en lo que sea, con tal que Él cumpla el propósito que tiene para  tu vida.

 

Al igual, me recordó la bendición y responsabilidad que tenemos como iglesia, al tener el discipulado como ese corazón del ministerio, y el regalo que Dios nos ha dado, al tener el liderazgo que tenemos. Allá encontramos gente salva, con un corazón impresionante para la Palabra de Dios; un líder entregado al Señor, con el deseo de crecer, de glorificar a Dios, pero sin poder multiplicar ese liderazgo en otros, con algunas confusiones de doctrina (por las influencias de otras iglesias), con la necesidad palpable del discipulado en sus vidas. Y nosotros contamos con ello, la forma de llegar  a ser esos obreros que Dios desea.

 

 Agradecemos mucho a Dios lo que vivimos en este viaje y lo que nos dejó ver. Ahora les animamos a orar, para que Dios guíe nuestro liderazgo acerca de cual es nuestra parte como iglesia con los creyentes de Los Ángeles.